Escrito por Belana Tussi / Mara Fidalgo
Colaboracion: Amparo Ventura
Mujer adulta en condiciones óptimas, casada y convivente con adulto pasado de moda, calvicie prominente, barriga en crecimiento constante, de oficio maleducado y tendiente a linyera, requiere soltería urgente.
La morsa mira el partido de fútbol desparramado en el sillón del comedor. Lleva puesto calzoncillos y una deprimente camiseta amarilla, que aún no se ha cambiado desde la mañana. Su apariencia es totalmente deprimente, tal vez ni se haya lavado los dientes.
Socorro lo observa desde el baño mientras se maquilla. Hoy es su aniversario de casados y se ha comprado portaligas. Ahora la conmueve su propio desgano. En la agonía del hastío piensa que el título de Viuda le sentaría a la perfección y sonríe satisfecha a su otro yo en el espejo.
La mujer de buenas curvas salió del baño, buscó el diario pero lo encontró demasiado tarde, estaba debajo de la caca del perro. ¿Era ridículo tratar de buscar un presupuesto de muerte en los clasificados? Se encogió de hombros, no le importaba el ridículo, quería a Florio muerto y nada más. Se encerró en la habitación, prendió la notebook y buscó en los clasificados.
Primer aviso con palabra clave “muerte”: "Rubio pistolero busca blanco para descargar sus balas", no era lo que buscaba actualmente pero muy pronto le serviría, por un momento se sintió alegre, casi exultante.
Un pop up se abrió “publique aquí”; por inercia así lo hizo, clickeó con el mouse y en el espacio en blanco escribió “busco asesino a domicilio”, y como en un trance lo envió. Luego de aquel acto de demencia o valentía, según de que lado se lo mire, las incoherencias de la dualidad femenina se hicieron presentes, la congoja siguió a la alegría. Lloró por un buen rato, limpiando con lágrimas su conciencia y siguió aún más resuelta con su plan.
Ante la insistencia de respuestas al aviso del gremio de fumigación, pasando presupuestos y formulas milagrosas para la matanza masiva de insectos y roedores, publico un nuevo aviso más específico: “Busco asesino a domicilio. No fumigador…asesino”
Con los días hizo un listado breve con los tres postulantes que le parecieron adecuados para el trabajo. En algún momento pensó en cómo plantear el tema ante el futuro asesino, pero decidió que la situación se diera por simple acción y reacción. Señaló en un mail corto el lugar de encuentro y la forma en la que estaría vestida, dejó claro que cada uno debía asistir con un curriculum que señalara sus habilidades generales, sin excluir ningún tipo de antecedente.
Socorro se alistó aquella mañana como para una cita. Se maquilló detenidamente, había elegido un vestido rojo, escotado. Zapatos negros de tacón alto y cartera haciendo juego.
Besó al durmiente Florio y partió.
Se encontraría con los postulantes, en un bar. Estaba loca pero no era tonta, iba a contratar a un asesino y no quería morir en el intento.
Al llegar se sentó en una mesa alejada de la ventana, pidió un cortado en jarrito y prendió un cigarrillo a la espera del primero en la lista.
Un hombre de cincuenta años se le acercó, tenía andar seguro y se sabía buenmozo, la observó de arriba abajo y retuvo la mirada en el escote de la mujer rubia. Tomó asiento sin permiso alguno y comenzó hablar. Socorro se recostó en la silla y lo escucho sin dejar de pitar su cigarrillo.
-Soy Alberto Valencia, carnicero de oficio desde la panza de mi madre –Estiró la mano y dejó un papel escrito a mano frente a la mujer –¿Me daría fuego? –pidió. Socorro levanto su encendedor y le ofreció lumbre.
-¿Su padre también se dedicaba a la carnicería? –Fue la pregunta de la mujer y antes de que aquel hombre de manos grandes y fuertes que podían ahorcar a Florio en menos de lo que canta un gallo le contestara, ojeó el curriculum
-Mi padre trabajaba en un matadero
-Todavía lo hace –preguntó sin mirarlo
-No –“Que pena”, pensó y asintió sin palabras. Los antecedentes del hombre eran impecables.
-¿Qué es lo que lo motivó a responder mi aviso?
-Me gusta el humor, y las mujeres de rojo
Socorro lo miró a los ojos, sin pizca de humor, aquel hombre no había comprendido nada y dejaba a la vista que de nada serviría seducirlo para que terminase haciendo el trabajo que necesitaba. El hombre no tenía cerebro.
-¿Está usted casado?
-Sí, pero en malos términos
Socorro sonrió de costado, se convertiría en asesina serial si los hombres seguían por aquel rumbo.
-No me sirve, lamento haberlo hecho perder su tiempo
El tal Alberto se levantó entre ofendido y falto de entendimiento. Le agradeció a la mujer rubia de ojos verdes el fuego y se fue.
El segundo postulante no se hizo esperar. Su curriculum decía: Bernardo Saravia, Sex Toy, Amo y playboy. Socorro quiso reír, aquel hombre de uno cincuenta de estatura, cabeza rapada, vestido de látex a las seis de la mañana sí que tenía la autoestima alta.
-¿Que es Amo?
-Sadomasoquismo. O se es Amo o esclavo
Socorro asintió, le interesaba el tema, pero no era lo que estaba buscando. No quería a Florio golpeado, ni excitado, lo quería muerto.
-No es lo que estoy buscando pero dejame una tarjeta tal vez después te necesite
El hombrecito le extendió una tarjeta personal. En el frente, una foto desnudo; detrás otra y su número de teléfono.
Socorro comenzaba a deprimirse cuando su tercer postulante pidió asiento. Ella se lo cedió con un gesto de mano. Prendió otro cigarrillo y se dispuso a escuchar mientras leía el papel prolijamente confeccionado.
Nombre y apellido: Jack el destripador
Domicilio: vacío Teléfono: vacío Edad: vacío
Ocupación: Jardinero y asesino a domicilio
La rubia levantó la vista con una sonrisa de alegría absoluta plantada en su rostro
-¿Necesita saber algo mas?
-Sus honorarios
-¿Cuanto tiene y en cuanto tiempo?
-Lo que pida –Su libertad no tenia precio – y para mañana
-Cien mil dólares
Socorro tragó con dificultad, no le iba a ser fácil conseguir aquella suma. Usaría los ahorros para la compra de la casa, ya no necesitaría una.
-Esta bien –Dijo resuelta
-¿Cuándo?
-Mañana
-¿Dónde?
-En mi casa, nunca sale. Esta pegado al sillón
-¿A que hora?
“Que buena pregunta”, pensó la mujer -A las nueve de la noche –Quería su último día con quien había sido su esposo por veinte años. Socorro le dio una tarjeta con su dirección, pago la cuenta y se fue.
El Sábado recibió a la blonda mujer con una sonrisa, y un desayuno en la cama ¿Florio habría presentido su inminente deceso?
Por la tarde Socorro se internó en el baño, se depiló y se enfundó el portaligas rojo y negro que había comprado para el día de su aniversario. Prendió en su cuarto velas e incienso de la India, colocó sobre las sabanas un acolchado nuevo de plumas y fue por su presa.
Florio vio venir a Socorro, su miembro se endureció aún cuando no tenía la mínima gana de moverse de su estado cómodo. Ella lo tomó de la mano y él dijo “¿Por qué no?”; seria la última vez. El acto se consumó apasionado como pocas veces, cómo en aquellos primeros años. Socorro se recostó y encendió un cigarrillo, Florio dispersó el humo hacia otro lado, su asma se había agravado considerablemente, por el sobrepeso, el sedentarismo, la falta de ánimo y los problemas cardíacos de los últimos años. La tos se hizo presente y se agudizó en segundos, manoteó el aerosol de broncodilatador en la mesita de luz, se lo colocó en la boca y gatilló, pero del aparato no salió medicamento alguno. Socorro observó la escena horrorizada, había sido ella quien lo había vaciado solo para fastidiarlo y ahora las alergias de él sumadas al humo persistente del incienso lo habían ahogado. Florio se tomó el pecho con la mano, agonizante. Socorro corrió hacia el living y buscó la billetera de su esposo, debía llamar a la ambulancia, quería ser ella quien lo matase, no el destino macabro. Abrió la billetera apurada y con el carné de la prepaga también encontró una tarjeta: Jack el destripador, jardinero y asesino. Sonrió mas divertida que enojada, el maldito granuja la quería muerta tanto como ella a él. Corrió nuevamente hacia la habitación, la morsa estaba tomando tono azulado y se oprimía con más fuerza el pecho, se arrodillo a su lado y le mostró la tarjeta
-¿Le pagaste? –Preguntó. él no contestó. Ella le golpeó la calvicie y Florio movió la cabeza cuanto pudo en señal de negación. Socorro suspiró aliviada, prendió otro cigarrillo, bajó de la cama, tomó una silla, la arrastró hasta el lado donde yacía su marido. Lo observó dar sus últimas exhalaciones sin dar muestras de arrepentimiento alguno.
La tarde se terminó en la morgue, muerte por insuficiencia cardiorrespiratoria. Socorro volvió a su hogar algo deprimida por tantas preguntas y papeleos, la interpretación de su papel la había agotado y en su afán de hacerlo creíble, sufrió.
Al llegar a su hogar, ahora vacío, tomó el teléfono y marcó el número de Jack, el no contestó. En definitiva ya no necesitaba su servicio y le alegraba no tener que desembolsar el dinero. Pero el timbre sonó a las nueve en punto, Socorro pensó seriamente en no atender, pero el aspecto del jardinero se había grabado en sus pupilas y creyó que era un buen momento para comenzar a hacer uso de su soltería. Se acomodó los pechos en el sostén, se peinó rápidamente y abrió la puerta, recostándose en el marco.
En el periódico matutino se informaba que el cuerpo decapitado de Socorro Flores había sido encontrado esa mañana, cuando su vecina salía para el trabajo. Al parecer el asesino no le había dado tiempo al habla abriéndole el cuello con una tijera de jardinero. “Un corte rápido y limpio, con mano segura”, declaró el policía a cargo, En la casa no faltaba nada.




